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Este año, dejemos a Dios ser Dios

  • Paty Richards
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Muchas veces como mujeres cargamos con expectativas, planes y responsabilidades que no nos corresponden. Vivimos preocupadas por todos y queremos hacerlo todo, usando nuestra propia fuerza como un escudo. Pensamos que, si nos detenemos, todo se derrumbará. Pero la verdad es esta: Tú no eres su Jesús, no eres su respuesta ni su salvación. No trates de hacer lo que solo Dios puede hacer.

 

En el afán de cuidar a todos, nos olvidamos de nosotras mismas y olvidamos que somos hijas de un Padre perfecto que nos ama. No fuimos creadas para vivir agobiadas, sino para vivir confiadas.

 

Jesús nos hace una invitación clara y amorosa en Mateo 11:28-30 (versión RV60):

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.

Este llamado nos invita a dejar de vivir llenas de cargas y a encontrar descanso en caminar junto a Él, aprendiendo su forma de vida: Simple, alegre y llena de Su paz.

 

La Palabra también nos recuerda que somos como vaso frágil, no porque seamos débiles, sino porque no fuimos diseñadas para cargar con todo el peso. Es una muestra del cuidado especial con el que Dios nos formó. Vivimos cansadas porque intentamos sostener lo que solo Dios puede sostener. Nuestra parte es ordenar prioridades, hacer lo que nos corresponde con excelencia como para el Señor, rendirlo todo en oración a Sus pies y luego confiar y descansar en Él.

 

Este nuevo año es una invitación a soltar: Soltar a ese hijo adulto, ese esposo, ese drama familiar, y dejar a Dios ser Dios. Él sigue gobernando el universo sin nuestra ayuda. Su Palabra nos anima: “Echen sobre Él toda ansiedad, porque Él tiene cuidado de ustedes” (1 Pedro 5:7). Somos hijas amadas, la niña de Sus ojos (Zacarías 2:8).

 

Todo lo que somos y todo lo que tenemos proviene de Él y le pertenece a Él. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto” (Santiago 1:17). Dios nunca ha soltado lo que es Suyo.

Rinde todo en oración y luego come, respira y descansa. Aun cuando no entendemos los procesos, podemos confiar en que nuestro Dios es bueno y fiel. Él cuida cada detalle de nuestra vida y ya está presente en nuestro mañana.

 

Entrar a un nuevo año no significa tener todas las respuestas, sino confiar en Aquel que sí las tiene. Hoy decidamos dejar a Dios ser Dios y descansar en la certeza de que Él está en control y que el que comenzó la buena obra será fiel en terminarla.

 

Oración:

Señor, al iniciar este nuevo año entrego mis cargas, mis planes, mis sueños y también mis temores. Ayúdame a caminar cerca de ti en oración, a confiar, a descansar y a recordar que Tú cuidas de mí y de los que amo, Amén.

 

Con amor,

Paty Richards

 
 
 

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