LO ESTÁS HACIENDO BIEN
- nosotrasblg

- 16 ago 2021
- 3 Min. de lectura
Si pudieras verme escribir esta entrada, verías mis mejillas llenas de lágrimas. Pero de las buenas. De las que vienen de un lugar de gratitud y no queja, de gozo y no tristeza, de seguridad y no duda, de libertad y no ataduras. Por tanto tiempo eran por razones completamente contrarias. Mi corazón rebosa con tantos sentimientos encontrados. Es como si, por fin, puedo ver la luz al final del túnel.
Pero créeme que no ha sido fácil llegar a este lugar. He tenido que entender nuevamente que Dios está presente en cada momento. He tenido que volver a entrenar a mi oído a escuchar la voz de Dios aun cuando los vientos rugen en mi contra, aun cuando hay tanto ruido en el mundo. Si algo he aprendido de esta temporada llena de refinamiento es que la renovación de nuestra mente y corazón no es una cosa de una sola vez. Debe ser algo constante y sin fin; una decisión que escoges tomar día con día. Como Pablo escribe en Romanos 12:2, “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” Al no conformarnos con nuestra circunstancia, al permitir que el Espíritu Santo siga obrando en nuestra vida y renueve nuestra mente, entonces así, podremos ver más claramente que es lo que Dios quiere de nosotras y sus propósitos en medio de nuestras batallas.
Es increíblemente difícil ser consistente y yo soy la primera en admitirlo. Es difícil mantener tu relación con Dios a diario. La vida sucede y a veces parece que el tiempo va en nuestra contra. Requiere no solo encontrar el tiempo, pero hacer el tiempo de pasar momentos íntimos con Dios. Es más crucial de lo que parece. Si mantienes estable tu vida devocional, te prometo que todo empezará a encajar en su lugar. Comienza a entrenar tus reacciones y pensamientos ante la tribulación porque eso determinará tus acciones. Cuando vengan pruebas que tu instinto sea adoración y no orgullo, que sea agradecimiento y no queja.
Eso sí, se vale llorar. Se vale gritar. Se vale cuestionar y no entender. Se vale orar en frustración. Se vale orar con desahogo. Se vale orar con dolor. Pero que sea eso mismo, oración; que Dios sea a quien acudimos, ante todo. Aun en días donde te relaciones con versículos como Salmo 42:3,
“Mis lágrimas son mi pan de día y de noche,
mientras me echan en cara a todas horas:
«¿Dónde está tu Dios?»
Él está siempre ahí para escucharte y dejarte hablar. Cuando te permitas estar lista para escucharle, Él responderá. Todo en este mundo es temporal, asimismo, tu situación lo es. Te puedo decir por propia experiencia que Dios está contigo con cada paso que tomas. Por más pequeño o grande que sea. Y te aseguro, que atravesaras este valle oscuro que parece que no tiene fin. Porque Él te ama tal y como eres. Sin condiciones y sin límites. Te ama tanto que no quiere dejarte así. Quiere que te levantes de tu cama y enfrentes la adversidad con la cara en alto. Quiere que continues con tu vida con Él de tu lado dándote las fuerzas que necesitas. Quiere que tomes la decisión de seguirlo aun en la tormenta. Él es más que suficiente y simplemente quiere ayudarte.
Salmos 46:1-3, “Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza,
nuestra ayuda segura en momentos de angustia.
2 Por eso, no temeremos
aunque se desmorone la tierra
y las montañas se hundan en el fondo del mar;
3 aunque rujan y se encrespen sus aguas,
y ante su furia retiemblen los montes.”
No temas porque Él está contigo.
Por último, quiero recordarte algo. Lo estás haciendo bien. A pesar de cualquier decisión, de cualquier falla, Dios todavía está orgulloso de ti. Te ve y su corazón se contenta. ¿Cómo no va a estar orgulloso de ti? Eres su hija amada y Él te creó. Toma esa verdad y deja que te ayude a atravesar tu situación.
Oración:
Gracias Padre porque nunca me dejas sola. Gracias porque en cada momento estás presente, me escuchas y sigues hablando a mi vida. Hoy te pido que renueves mi mente y corazón. Hazme nueva para que así pueda ver más clara tu voluntad. Ayúdame a hacer un mejor trabajo en ser más constante contigo. Ayúdame a construir un espacio para tener momentos íntimos contigo, Padre. Y ayúdame a entender y aceptar cuanto me amas. Gracias por amarme como Tú lo haces y por dejarme llorar y expresarme. Aunque es difícil comprenderlo, gracias por estar orgulloso de mi. Y, asimismo, me enseñas a estar orgullosa de mí misma. Te amo Padre.
Amén.
xoxo
Moselle




Mi ansiedad y depresión me hicieron creer que Dios se iba a enojar si yo estaba triste o me quejaba.
Hoy entiendo que el quiere saber cuando estoy triste, quiere escuchar lo que me preocupa y quiere secar mis lagrimas, hoy puedo decir que Dios me dejo entender que se siente orgulloso de mí, aun con mis miedos y temores y que el es mi lugar seguro.